Opinión: “En Colombia el médico general funciona como un policía de tránsito”

Fuente: Carlos Aguirre Noticias

Un mejor modelo de servicio en salud en Colombia necesariamente pasa por un mejoramiento urgente de la atención primaria. El Modelo Integral de Atención en Salud (Mias), del Ministerio de Salud, hace referencia a elementos claves al respecto, relacionados tanto con la infraestructura y la logística, como con las características del personal médico a cargo de este nivel de atención.

En primera instancia, plantea la regulación de nuevas rutas integrales de atención y la consolidación de redes integrales de prestadores de servicios con el fin de evitar varios de los problemas que tiene actualmente el sistema: no hay prevención, no es claro ni efectivo el servicio primario y, por lo tanto, todos los pacientes terminan necesitando o queriendo una atención especializada.

Si efectivamente se logra mejorar la prevención y la atención oportuna a través de las rutas y redes de servicio, es previsible que disminuya, por ejemplo, el número de pacientes con una afección respiratoria leve buscando atención de urgencias en hospitales de alta complejidad. Este sería un excelente primer paso.

El Mias también propone fortalecer el recurso humano, lo cual,  analizando el perfil de los médicos y su función actual dentro del sistema, pareciera ser incluso más relevante que el tema de infraestructura. La atención en salud es el resultado de una buena relación entre el paciente y el médico. Si se trata efectivamente de poner primero lo primero, es fundamental transformar el rol de los profesionales de la salud de cara a la calidad del contacto que se crea en el primer nivel.

En la actualidad, el médico general funciona como un policía de tránsito. El policía está ahí para atender una situación pero lo único que puede hacer para solucionarla es dirigir el tráfico hacia donde tenga más "chance" de fluir mejor. Eso mismo hacen los médicos generales: atienden pero no resuelven, identifican el problema pero delegan su solución hacia un especialista. Este rol resulta en una mala experiencia para el paciente, quien no recibe una solución en un primer contacto, y se convierte en una fuente de profunda desmotivación para los médicos que no encuentran cómo ejercer a este nivel su profesión.

Lograr que más médicos se dediquen orgullosamente a la promoción y prevención y que la infraestructura se establezca de tal forma que puedan dar soluciones en la atención primaria desencadenará que estos profesionales ganen capacidad de gestión resolutiva, compromiso y efectividad. Es entonces responsabilidad de las universidades y de los hospitales universitarios capacitar mejor a los estudiantes en ese rol de médico general para que sean capaces y se empoderen de resolver la mayoría de las necesidades primarias en salud que tiene la población colombiana. En la práctica, el médico general está llamado a resolver entre el 80 y 90 por ciento de las atenciones que demandan los ciudadanos.

En ese fortalecimiento del talento humano, es clave romper el paradigma que los mismos formadores nos hemos encargado de crear, según el cual enfocamos a nuestros estudiantes a que el éxito y el ascenso de un médico significa ser un especialista y no un buen médico general.

Ese paradigma solo se supera si el médico general puede tener la expectativa de vivir cómodamente de su remuneración. Esto implica replantear la compensación de los médicos generales, para encontrar la manera de que no solamente retribuya el valor que pueden crear sino que a la vez sea atractiva para los profesionales.

Precisamente otro componente destacado del Mias, la redefinición del esquema de incentivos, atiende directamente esta necesidad. Es fundamental transformar la evaluación de los desenlaces en e­­­l sistema con indicadores que midan salud y no en términos de enfermedades atendidas. Ejemplos de estos indicadores son: cuántas madres embarazadas tienen los controles y vacunas prenatales necesarios y, en consecuencia, cuántos nacimientos se registran de niños sanos y sin complicaciones. Estas son responsabilidades de un buen médico general actuando dentro de una red bien estructurada.

Si a ese médico general le va bien, al paciente y al sistema también y ese círculo virtuoso debe incentivarse. Los potenciales ahorros generados por una buena atención primaria deberían y podrían ser orientados a incrementar los ingresos de esos médicos generales quienes verían reconocido su rol de evitar el incremento de solicitudes de servicios de mayor complejidad.

Lo que se promueve es una infraestructura que trabaje en red para ser más eficiente en ese primer nivel, acompañada de  una mejor preparación del personal de salud, y un sistema que reconoce a través de indicadores y de una mejor remuneración el éxito en la atención primaria. Este modelo parece ser  una buena receta para organizar prioridades y al mismo tiempo generar beneficios y bienestar a los pacientes, atendiendo adecuadamente y a tiempo sus necesidades de salud más básicas.

José Ignacio Zapata
Director General Instituto Roosevelt.

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