Moon Jae-In, el hombre que puede evitar un conflicto nuclear

Fuente: Getty Images

El nuevo presidente surcoreano, de tradición liberal, representa un cambio para la política exterior de su país, que desde 2008 ha sido de corte conservador. Además, promete replantear las tensas relaciones con su vecino del norte Kim Jong Un.

Con 64 años y tras posesionarse el pasado 10 de mayo, Moon Jae-In acaba casi 10 años de hegemonía conservadora en el país surcoreano. Siendo hijo de refugiados norcoreanos, Moon fue activista por los derechos humanos durante los setentas y ochentas, y predica una política liberal. Si bien su familia no apoya actualmente el régimen en Pyongyang (Corea del Norte) de Kim Jong Un, el nuevo líder surcoreano tiene la puerta abierta para dialogar con el régimen del vecino país.

Luego de escándalos de corrupción que involucraban a la destituida presidenta Park Geun-Hye, el nuevo líder surcoreano debe enfrentar la crisis que dejó su antecesora. Factores como la desaceleración económica, el incremento del desempleo, el estancamiento de los salarios y las desigualdades sociales, serán los epicentros de su carrera presidencial. Incluso, se ha pronunciado al respecto diciendo que “solo pensaré en mi pueblo para ir en la dirección correcta. Seré un presidente lleno de orgullo de representar una Corea del Sur grande, confiada y orgullosa”.

Sin embargo, sus pretensiones van más allá de mejorar su política interna. Gran parte de la preocupación de Moon Jae-In ha sido la implementación de una política exterior centrada en mejorar las relaciones con Kim Jong Un, quien últimamente, a través de la realización de pruebas nucleares y lanzamientos de prueba de misiles ha generado un ambiente de tensión en la Península de Corea. Tanto así que, actualmente, Estados Unidos tiene desplegados en el mar de Japón tres buques de guerra y un portaaviones con el objetivo de prever las movidas militares norcoreanas.

El líder liberal ha simpatizado con medidas mucho más diplomáticas que bélicas. En el territorio surcoreano se está construyendo un sistema de escudo militar llamado THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) diseñado e instalado por EE.UU. durante la administración de Park Geun-Hye para enfrentar a Corea del Norte. Sin embargo, Moon no está de acuerdo con el liderazgo norteamericano en estas estrategias contra el vecino país; y mucho menos después de que Donald Trump, el pasado 27 de abril, dijera que el país asiático debería pagar mil millones de dólares por el sistema THAAD. Desde que Moon está en la Casa Azul, suspendió el sistema de defensa militar.

Por el contrario, las pretensiones del nuevo líder para disminuir las tensiones en la región de la península, más allá del belicismo, tienen un enfoque económico. El plan de Moon es reactivar el Complejo Industrial de Kaesong (KIC, por sus siglas en inglés), que desde su apertura en 2003 fue el pilar insignia de las relaciones bilaterales entre las dos coreas, empleando a más de 50.000 trabajadores de ambos países. Este ha sido, quizá, el mayor ejemplo de cooperación política y económica para integrar beneficiosamente las dos naciones asiáticas. Sin embargo, con el inicio de las hostilidades militares y nucleares por parte de Corea del Sur, el proyecto finalmente cerró. Hoy por hoy, Moon quiere sacar provecho de esto no solo reabriendo el complejo sino también haciéndolo crecer 20 veces más que su tamaño original.

Moon invierte toda su capacidad política en un diálogo directo. Ya no confía en la vía multilateral militar que incluía a Rusia, China, Japón y EEUU para contrarrestar los avances militares de Corea del Norte. Por esa razón, su deseo es buscar la vía económica como forma de cooperación y de diálogo para disminuir las tensiones militares que aquejan a la Península de Corea. “Resolveré nuestra crisis de seguridad nacional cuanto antes. Haré mi mejor esfuerzo en todas direcciones para que haya paz en la Península de Corea. De ser necesario, iré de inmediato a Washington. Visitaré Beijing y Tokio y, de ser posible, también iré a Pyongyang. Haré todo lo que esté a mi alcance para consolidar la paz en la Península de Corea”, dijo Moon Jae-In, presidente de Corea del Sur.

La intención de dialogar con el régimen de Kim Jong-Un parece prometedora a la luz de una propuesta económica. Incluso, el nuevo presidente liberal ha dicho estar dispuesto a considerar levantar algunas sanciones económicas que se le han impuesto al régimen norcoreano. En cuanto al principal propósito de Moon, según Andray Abrahamian, director de investigaciones de la organización Chonson Exchange, el proyecto KIC “demostró que el régimen norcoreano está abierto a explorar ideas nuevas, incluso si esto significa aplicar políticas de economía de mercado”.

Hasta el momento, las aspiraciones de Moon Jae-In parecen ser las ideales para calmar el ambiente en la Península. No obstante, sus medidas dependen a nivel interno del parlamento surcoreano (que, por ejemplo, discutirá el tema del escudo THAAD) y a nivel externo de la cooperación de la comunidad internacional para darle un tono menos bélico a las estrategias contra Corea del Norte. Por supuesto, la renovada visión anticorrupción de Moon y su intención de reformar la política exterior es lo que tiene a este nuevo líder liberal encabezando el ejecutivo surcoreano y tratando de calmar los humos en su región mediante la diplomacia.

No hay comentarios

Agregar comentario