En el closet del conflicto: Historia de una víctima



 

Marcha Patriótica                           Claudio Tique

 

Primera parte

A propósito de la posible firma del Acuerdo Final de paz entre el Gobierno y las Farc, publicamos una historia narrada en la voz de una víctima que entiende bien, gracias a sus experiencias, lo que significa vivir en un país en guerra.

 

Claudio Tique es una persona de setenta y tres años de edad. Su piel arrugada delata la sabiduría que lleva impregnada en su ser por las experiencias de toda una vida de lucha.

Su tez es morena curtida por el sol, y, sus manos exageradamente burdas, revelan su profunda identidad campesina. Sus uñas son amarillas y golpeadas, trabajadas por y para el campo colombiano, ese que durante tanto tiempo fue su cuna y ahora no es más que su lejano anhelo.

El señor Tique es de talla baja; mide un metro con sesenta y cuatro centímetros, pero para su espíritu no existen medidas.

Las facciones de su cara son adustas, tiene unos rasgos demarcados linealmente. Su nariz, sus labios y sus ojos parecen encajar perfectamente en armonía, aunque su traje ya un poco machacado jala hacia abajo.

Su cabello es grisáceo en la parte delantera de su cuero cabelludo y más blanco hacia atrás, en una combinación de grises que chocan y amalgaman con el color de sus zapatos, siempre cafés.

Claudio es miembro activo de la organización MOVICE (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado). Allí ocupa la mayor parte de su vida.

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El Espectador

Recibe una pensión mínima por parte del Gobierno en remuneración a su caso como víctima y participa en diferentes galerías y actividades universitarias en Bogotá en donde trata de visibilizar los hechos que hasta ahora le han causado tanto sufrimiento.

En la actualidad vive en el barrio El Amparo, localidad de Kennedy, en una pequeña choza de hojalata levantada en donde tienen cabida algunas microempresas de reciclaje, bajo el azote constante del barro y el crimen.

Esta es su historia:

Valentina Bríñez y Ana María Alápe eran los padres de mi madre. Ellos residían en la región de Ortega en una vereda llamada Guatavita en 1954. Nosotros vivimos en esa región que hasta ese momento se encontraba en Zozobra. Allí empezaron los rumores de la llegada de la violencia luego del asesinato del caudillo Jorge Eliecer Gaitán el nueve de abril del cuarenta y ocho. Yo tenía entre cinco o seis años y a partir de ese momento se agudizó la persecución de conservadores contra liberales.

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Fotos antiguas Bogotá

Por parte de mi padre, mis abuelos eran de una región llamada Coyaima, en una vereda que recibía el nombre de Palmar, en el Tolima. Después mis abuelos dejaron unas pertenencias a mi padre, pero en ese espacio de violencia del cuarenta y ocho para acá, “los chulavitas” y “los pájaros” de la época se apoderaron de las propiedades4

El Espectador

Mi padre se quedó sin nada. “Los chulavitas” eran lo que hoy llamamos paramilitares,  y “los pájaros” eran los que representaban a “los chulavitas”, porque es que esta historia en mis setenta y tres años no se ha detenido jamás, ni la sangre ha dejado de correr.

De mis hermanos solo quedan tres. Dos mujeres y un hombre. El menor fue asesinado en 1965 en Puerto Boyacá. Él tenía dieciocho años y definitivamente no tuvimos conocimiento de las razones de su muerte. Allí se cometió una masacre. Él trabajaba con pescado en una embarcación y dicen que por robarlos asesinaron a muchos de los trabajadores, pero no sabemos nada más.

Mi hermano se llamaba Gabino Tique. Otro de mis hermanos, Lorenzo Bríñez, murió hace veinte años y falleció por causas naturales.

Yo nací el diez de agosto de 1943. Mi relación con mis padres cuando era niño fue muy buena. En esa época en la que yo vine a la tierra, la gente era muy honesta. Las personas decían que la cita era a las seis de la mañana y se convertía en ley. Mis padres no permitían que nosotros dijéramos una sola mala palabra. Ellos no dejaban tampoco que fuéramos a tomar cosas que no nos pertenecían. Además, en toda mi infancia jamás escuché un mal trato de mi padre a mi madre o viceversa.

Hoy en día las cosas han cambiado mucho. Actualmente el padre que eduque a sus hijos está condenado a prisión. Yo he leído “hijos contra padres y padres contra hijos, madres contra hijas e hijas contra madres”. Y así es en la vida real; padres asesinando a sus hijos y a su esposa, madres que prostituyen a sus hijas  e hijos que asesinan a sus padres. Si así es con el núcleo familiar, cómo será con los desconocidos. Por eso es que este mundo está al revés.

La familia de mi madre era conservadora y por parte de mi padre, ellos decían tener un ideal político del Partido Comunista. Y es ahí donde yo no comparto las posturas de la historia. Mis abuelos, todos ellos, comían en un mismo plato y siempre compartían los alimentos. Yo jamás estuve presente en una pelea por ideales políticos entre mis familiares porque nunca existió. Mi abuelo sabiamente decía “el que pelee por colores políticos es un insensato e ignorante”. Y eso mismo decía mi papá.

Ellos dialogaban acerca de las ideologías políticas y charlaban, pero jamás si quiera se levantaban la voz. ¿Por qué?, porque todos somos hijos de un solo padre celestial.

Mi familia era profundamente católica en la época, pero resulta que cuando uno empieza a entender cómo son las cuestiones de Dios, cambia su pensamiento. En semana santa yo llegaba y me arrodillaba ante un muñeco de bronce y lo besaba y lo hacía porque todos lo hacían. Ahora creo en un Dios vivo que me tiene con vida. Yo pienso que todo lo que tiene relación con Dios tiene poder, pero aquellos que creen tener poder sobre los demás por explotar a los pueblos, no tienen nada realmente.

Hablando de estudios, yo me he venido preparando a raíz de mi sufrimiento. En la época de mi juventud, las escuelas quedaban muy lejos y mi familia era muy humilde. Si mi padre no pescaba, nosotros no comíamos y no me da pena decirlo. Precisamente por eso yo no fui al colegio nunca y todo lo que he aprendido y hasta ahora vengo deletreando, lo entendí después de los veinte años.

yo empecé a trabajar a los siete años. A esa edad acompañaba a mi padre a laborar. A mis ocho añitos me gané la primera moneda sembrando yuca en la finca de un señor amigo de mi papá. A partir de allí, empecé a trabajar en todo lo que tenía que ver con el campo.

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Universidad Nacional

Tengo mucho conocimiento en la agricultura y he sembrado café, maíz, plátano, papa, algodón y frijol. En cuanto a la pesca también la he ejercido. El trabajo es un provecho y este nos enseña a progresar. Yo pienso que los ricos viven por nosotros los pobres. En cuanto a estratos, mi familia era del cero, porque de verdad que la situación era muy complicada.

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HSB

Me acuerdo de una vez para semana santa en el pueblo de Ortega, que mi mamá tuvo que pedirle a una vecina que le prestara una camisa para mí, porque no tenía ropa para salir al pueblo. Imagínese la humildad.

En esa época mis padres y mis hermanos habíamos bajado de Ortega a una región que se llama Barrialosa, Tolima, porque en ese momento ese era un sector muy liberal y mi padre entró allí a sembrar maíz, que era lo que más se cultivaba.

Ahí yo me enamoré de Anaís, quien es la mamá de Benja. Tiempo después, ella me pidió que me la llevara y siguió con ese cuento como durante dos meses. Al final yo lo pensé y me dio la envalentonada y me la llevé a una finca que mi papá tenía para cultivar maíz. Allá no había sino camas sin colchón y la primera noche nos tocó arrancar hojas de plátano seco para acomodarlas en las tablas de la cama. Todo esto ocurrió en el año sesenta y dos y fruto de ese amor nació Benja. Yo lo quería mucho, él era muy querido, yo lo amaba porque era muy buena persona.

Tiempo después cuando mi hijo tenía diez u once añitos, nosotros nos fuimos a La Dorada, Cáldas. Él ya era un trabajador. Inclusive en una ocasión allá un amigo me lo pidió para que le piloteara un ganado y se fue mi hijo a trabajarle.

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Caracol  La Dorada, Caldas.

En la noche, llegó a la casa a darme lo que había ganado y yo le dije que eso se lo merecía él por su esfuerzo y que era para sus zapatos, para su ropa y para sus cosas.

Él era un muchacho juicioso, trabajador y honesto ,y, yo, en mi papel, trataba de explicarle que el amor era que él vistiera mejor que su padre porque los primeros zapatos que yo vine a comprar, fue a los quince años.

Yo tuve que irme de La Dorada algunos años después por la persecución que he sufrido toda mi vida. Allá en Cáldas fui secuestrado por el teniente del MAS (Muerte A Secuestradores), Carlos Arturo Henao. Me torturaron y lo único que hizo falta, fue que me hubiesen asesinado.

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El Tiempo    Pablo Escobar, líder del MAS.

Ellos decían que yo supuestamente era el comandante máximo del Frente 21 de las Farc y que había convocado y dirigido un secuestro en la región. Nada sabía de eso, pero aún así me torturaron. A mi me colgaron, me pusieron a vomitar sangre y un día me llevaron a la orilla del río Magdalena y uno de los hombres me puso una nueve milímetros en la oreja, me iba a matar…

 Continuará

Santiago Ángel Rodríguez

santiagoangel@entrelineas.co

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