El cielo y el infierno del fútbol



Los colombianos, el deporte sudamericano y el mundo en general presenciamos (en menos de 24 horas) dos hechos importantes e históricos, dos momentos de lágrimas de alegría y tristeza; un contraste único que unió a todos bajo una misma camiseta.

El primero

El 27 de noviembre el estadio Pascual Guerrero de Cali se vistió de rojo porque América de Cali tenía nuevamente la oportunidad de ascender a primera. Luego de casi 5 años en segunda división, estaba a 90 minutos de volver a jugar con los equipos grandes y tradicionales del fútbol profesional colombiano; esta vez el rival era el Deportes Quindío, que también tenía la oportunidad directa de ascender.

En 2012, la Mecha había conseguido llegar a la final del torneo apertura, venció por penales al Unión Magdalena (otro histórico equipo colombiano), en el segundo torneo del año perdió la oportunidad de ascender al perder contra Alianza Petrolera, y más tarde caería con el Cúcuta Deportivo jugando la promoción. En 2013 y 2014 América no lograría el ascenso. Ya eran tres años en la segunda división, la tristeza se alargaba.

En enero de 2015 la DIMAYOR organizó unos cuadrangulares en los cuales participaban ocho de los históricos equipos colombianos que estaban en la B, el "torneo" otorgaba dos cupos directos para regresar a la primera categoría del fútbol colombiano. América tuvo una presentación mala y quedó eliminado en el segundo partido. A final de año, perdió una nueva oportunidad, esta vez frente al Bucaramanga, que finalmente fue el nuevo inquilino de la A. La hinchada roja estaba en una mezcla de tristeza y rabia, su equipo no jugaba bien, algunos decían que a los jugadores les pesaba la camisa a la hora de jugar, no se entendían, y hasta el momento eran cinco años seguidos en la B, un lustro de solo fracasos.

Las campañas del equipo caleño durante esos cinco años se vieron marcadas por los señalamientos de la hinchada, periodistas y expertos del fútbol, de ser un negocio para los empresarios que manejaban al equipo. Se llegó a decir que la presencia de la Mecha en la segunda división del fútbol nacional era negocio para lucrarla, cosa que no era del todo falsa, porque América era uno de los equipos, por no decir que el único, que llenaba las distintas canchas del país, plata que no le venía nada mal a la B.

Ese 27, el partido fue sufrido para los rojos: tras ponerse adelante a los 18 minutos de juego, un autogol de Jonny Mosquera empató y el encuentro y tuvo de nuevo en la A al Quindío; pero un penalti justo antes del primer descanso convertido por Cristian Borja les daría la ventaja y, tras el pitazo final, el regreso a la categoría A. Tuvieron que pasar 1.806 días para que los hinchas pudieran dormir felices, para que lloraran nuevamente pero esta vez por la alegría que el diablo les daba dejando el infierno de la B.

El segundo

Poco más de 24 horas después de que cientos de colombianos y parte de Sudamérica celebraran el ascenso a primera categoría de un equipo grande en la región, un equipo brasileño desaparecía en las montañas de Antioquia.

El lunes 28 de noviembre el Chapecoense de Brasil viajaba de Bolivia a Medellín a disputar la final de la Copa Sudamericana frente al Atlético Nacional, torneo en el cual los brasileros habían sido la revelación por dejar en el camino a grandes clubes como Independiente de Avellaneda, Junior de Barranquilla y San Lorenzo. Chapecoense viajaba a Colombia esperanzado en protagonizar un muy buen primer partido de la final, venían con la mente puesta en dar el primer paso para conseguir ‘la otra mitad de la gloria’, era el primer torneo internacional al que llegaban a estas instancias y, a pesar de enfrentar al hoy por hoy mejor equipo de Colombia y de Sudamérica, eran favoritos a lograr la tan anhelada copa.

Los sueños del Chape, de sus familias y de sus hinchas terminaron ese mismo día hacia las 10 de la noche. El avión en el que los jugadores viajaban presentó fallas eléctricas que desgraciadamente terminaron con la vida de 71 personas dentro de las que se encontraban 19 jugadores, 23 personas del cuerpo técnico, 19 periodistas que venían a cubrir el encuentro, 7 miembros de la tripulación de la aeronave, el presidente y el director técnico del equipo y un invitado. De acuerdo con la Aerocivil, el avión de la aerolínea LaMia no tenía el combustible suficiente para cubrir el trayecto entre Bolivia y Medellín, razón que causó el inesperado siniestro.

La noticia se conoció casi inmediatamente, pero su gravedad solo se pudo dimensionar horas después cuando empezaban a aparecer los primeros reportes sobre víctimas y las primeras imágenes de cómo había quedado el avión luego del fuerte choque. Al día siguiente las expresiones de apoyo no se hicieron esperar, el Chapecoense, ese humilde equipo brasilero que iba a jugar su primer final de un torneo internacional, dejó de ser conocido únicamente en Sudamérica y pasó a serlo a nivel mundial.

Y no es que todo el mundo se haya vuelto hincha del Chape de un momento a otro, no, simplemente nos dimos cuenta que el fútbol, ese deporte por el que sufrimos cada 8 días, al que le debemos miles de alegrías, tristezas y rabietas, es tan fuerte y tan hermoso que nos hace olvidar el color de camiseta que nos gusta y seguimos, y logró —ojalá para siempre— dejar esa absurda rivalidad para unirnos en un solo equipo, en un solo grito de aliento.

En una semana los amantes del fútbol y los ciudadanos del común fuimos Chape.  #FuerzaChape

Wilmer Mejía
Redacción Deportes

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