Comunarte: el baile como una alternativa a la violencia

Fuente: Cortesía Elkin Ramos

Elkin Ramos lleva 20 años defendiendo el papel de la danza como una forma de luchar contra la violencia en las comunas de Barrancabermeja. Ahora, el nuevo reto es el posconflicto y cómo implementar este modelo para seguir construyendo paz a través del arte.

Hace 15 años, al principio de los años 2000, nació en Barrancabermeja el proyecto Comunarte. Consistía en llevar “el arte a las comunas”, y logró rescatar a 300 niños de las manos del conflicto armado. Elkin Ramos logró evitar que estos niños y jóvenes participaran de la guerra que se vivía en la ciudad en aquella época, lo que lo hizo merecedor del premio internacional de paz Van Heuven Goedhart, otorgado por Holanda.

Todo comenzó diez años antes, en la década de los 90, cuando Elkin Ramos aún no había cumplido los 20 años, y trabajaba como DJ en las fiestas que organizaba el Club del Comercio en Barranca. En una de esas noches, mientras Elkin tocaba sus temas, un hombre decidió sacar un revólver y comenzar a dar tiros al aire. Era un momento en el que en la ciudad reinaban distintos grupos armados: el EPL, las FARC, el ELN y hasta un rezago del M-19. En el calor del momento, a Elkin se le ocurrió una idea: le propuso al hombre que “si es tan machito, enfrentémonos, pero bailando. Prepare su combo y en 15 días nos vemos aquí mismo.” El hombre le comunicó la razón al jefe de su pandilla, y este aceptó.

Así, se fue corriendo la voz de esta “batalla” de baile, y creció hasta el punto de que cada comuna tenía su propio grupo. De esta manera se disputaban el territorio y competían por quién era mejor, pero sin dejar muertos a su paso. El grupo de Elkin, Proyección Juvenil, incluso logró que muchos participantes se alejaran de las actividades delictivas, pues dedicaban más tiempo a ensayar que a militar.

Pero pasó el tiempo, los paramilitares entraron también a esta zona del Magdalena Medio, y la situación social empeoró. Sin embargo, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) llegó en el 2001 y extendió una mano a los jóvenes de Proyección Juvenil para continuar su lucha en contra de la violencia o, mejor aún, en defensa de la paz en las comunas de Barrancabermeja. Con ayuda del ACNUR, se conformó la Asociación Juvenil de Baile Moderno (AJBM), que agrupaba a todos los jóvenes que antes realizaban las batallas de baile. “Comenzaron a capacitar a los muchachos, a darnos recursos, y a darnos más herramientas para gestionar el proyecto”, recuerda Elkin. Así nació Comunarte.

Este proyecto consistía en abrir espacios en los territorios más afectados por la violencia y el desplazamiento para que los niños y jóvenes, a través de la danza, el teatro y la pintura, expresaran su realidad, y sobre todo, utilizaran su tiempo libre. Briands Harnache, quien participó en el proceso y ahora con 25 años trabaja con el ACNUR Barrancabermeja, cuenta que “la esencia de Comunarte era quitarle los niños a la guerra, y además, mandar un mensaje de vida en un momento donde reinaba la muerte”.

Directores de Comunarte. 2008

Directores de Comunarte. 2008

Hay que resaltar que una de las funciones importantes de Comunarte era brindar un lugar para contar historias. “Las obras que hacíamos tenían que ver con lo que nos sucedía, con lo que le ocurría a todos los muchachos del grupo”, explica Elkin. La primera obra que realizaron fue Desaparición Forzosa, una danza-teatro que contaba la historia de Tatú, “un amigo que nos mató la guerrilla”. A esta primera obra le siguieron otras como Espejo en el que se mira la realidad, donde se narraban historias sobre el desplazamiento, sus causas y, sobre todo, las emociones que esto despertaba en los niños. El objetivo de sus obras era darle una connotación positiva a aquellas situaciones negativas por las que los jóvenes habían pasado, parafraseando al creador del proyecto.

Este trabajo le valió a Elkin Ramos el premio Van Heuven Goedhart en junio de 2006, otorgado por la organización holandesa Stichting Vluchteling, que se dedica a trabajar por los refugiados. Además, 12 organizaciones no gubernamentales han trabajado de la mano de Elkin para continuar y expandir este proyecto, entre ellas, Saved Children, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Fundación Dos Mundos. El modelo de Comunarte está presente también en la ciudad de Popayán, ya que la Alcaldía decidió implementar este programa allá, y gracias al ACNUR pudo extenderse en otros países de Sudamérica y África.

Actualmente, la fundación está trabajando en un modelo para implementar en el posconflicto, pues la ciudad está atravesando una ola de violencia producto de las Bandas Criminales (Bacrim) y  tanto Elkin como Briands resaltan la importancia de mantener a los jóvenes alejados de la delincuencia. “Barrancabermeja va a ser clave en el proceso de paz con el ELN, pues esta zona tiene gran influencia de ese grupo. Eso nos exige replantear nuestra estrategia”, dice Briands. Lo que sí es claro es que esta labor aún no termina.

Comunarte sin duda alguna cambió el futuro de muchos de sus participantes. Uno de sus artistas se encuentra bailando en Nueva York, otro en Londres, y otro expone sus obras en varios museos de Europa. Muchos otros tienen sus propias fundaciones. Además, les amplió la perspectiva a estos niños y les mostró que había otro futuro distinto alejado de las armas. Como dice Briands, “entendimos que es posible soñar con una ciudad y un país distinto. (La fundación) determinó nuestro estilo de vida. Sigo creyendo que el arte es una manera de construir paz y que esta paz va a llegar cuando entendamos que siempre es más barato y mejor darle a un niño un instrumento o un pincel, que un fusil”.

Ana Lucía Barros
Redacción Cultura

Recepción del premio Van Heuven.

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