Lágrimas, indignación e incredulidad: “chuzaDAS”



El pasado miércoles en la noche, en la biblioteca del Gimnasio Moderno, se lanzó el libro ChuzaDAS del periodista Julián Martínez. La presentación fue un diálogo entre el autor, que colaboró en el programa Contravía de Hollman Morris, y Ramiro Bejarano, reconocido abogado externadista, quien además realizó el prólogo de la publicación. Al final, varias víctimas tomaron la palabra y reafirmaron varios puntos.

Indignación, vergüenza nacional y un fuerte empeño por divulgar este libro. Según Ramiro Bejarano, tales deberían ser las reacciones al completar la lectura de este testimonio, respaldado por una rigurosa investigación, sobre los ocho años de intimidación y desprestigio cometidos por el gobierno de Álvaro Uribe. El escándalo de las “chuzadas” tuvo un gran impacto en su momento pero hoy, como suele suceder en este país, ha caído en el olvido. El trabajo de Martínez revive esos hechos y se constituye en una lectura difícil, que obliga a detenerse cada tanto. ¿Era capaz nuestro Estado de ensañarse así con ciudadanos suyos? ¿A esto se dedicaban algunos de los encargados de nuestra seguridad? ¿Cómo nos permitimos olvidarlo y no pasar de algún comentario airado mientras se veían las noticias?

Los panelistas recordaron varios hechos escabrosos: la orden presidencial de identificar las fuentes que empleaba el periodista Daniel Coronell para realizar sus columnas de opinión; las labores llevadas a cabo por los diferentes directores que tuvo este departamento (como Andrés Peñate o Jorge Noguera); el registro de más de 180 millones de llamadas intervenidas; los numerosos asesinatos perpretados a lo largo de varios años por la oscura alianza entre DAS, paramilitares y sectores del ejército; la compra de votos y de falsos testigos; el continuo trato de “terroristas” a quienes defienden los derechos humanos. Todo esto es sorprendente, pero el propio Bejarano señaló que, en realidad, no debía serlo pues había claros antecedentes: en 1997, cuando Uribe era gobernador de Antioquia y Mauricio Santoyo comandaba el grupo Gaula de la Policía en Medellín, se intervinieron las comunicaciones de miembros opositores, algunos de los cuales fueron posteriormente asesinados.

Así pues, dijo Bejarano, se advierte una manera de ejercer el poder que claramente sigue el sector político que rodea a Uribe: el espionaje y el desprestigio. Lo hizo como gobernador, cuando presidente usó el DAS con el mismo propósito y no hace mucho el escándalo (¡otro más!) del hacker, protagonizado por Zuluaga, su candidato presidencial, evidenció un proceder similar. Múltiples procesos judiciales han ido rodeando al ex presidente, y justo para el momento del lanzamiento, había sido capturado su hermano Santiago. Durante muchos años se ha esperado a la justicia.

En declaraciones dadas a Entre Líneas, Martínez mencionó que la investigación que dio vida a esta obra inició en 2009 cuando estalló el escándalo y añadió que fue un desafío sacar adelante este proyecto, redactado en 11 meses, pues en ocasiones se sentía sofocado por todo lo relacionado con el DAS y además había lapsos en que no encontraba la inspiración para continuar. Sin embargo, la lectura misma de todo el material le devolvía el impulso, así como el deseo de contar estas verdades al país y, claro está, el apoyo de su familia, como reconoce en la dedicatoria del libro.

Las revelaciones del libro son numerosas, bien documentadas e impactantes. Estas cortas líneas apenas reflejan su abundancia de detalles y las sensaciones que el relato despierta, que a su vez palidecen ante la experiencia de las víctimas. Como señala el autor, “la tortura psicológica puede tener como sujetos pasivos a personas privadas que no se hallan privadas de la libertad” y sus medios más usuales son “la mentira, la amenaza, la simulación, la humillación, la privación sensorial y el suministro de sustancias psicotomiméticas” (pág. 99). Familias enteras, niños en colegios y los activistas mismos sufrieron estos vejámenes en carne propia o en la de sus allegados. Varios de ellos hablaron al final de la presentación (Hollman Morris, Piedad Córdoba, Yesid Ramírez Bastidas, entre otros) y sus testimonios, de una profunda emotividad rayana en las lágrimas, sensibilizaron (más) a la numerosa audiencia sobre la gravedad de estos hechos.

Es lugar común afirmar que para no repetir la historia hay que conocerla. Desde este medio lo repetimos, pues seguimos creyendo en ello y los colombianos parecemos sufrir de una tenaz amnesia o, cuando menos, dificultad para traducir la indignación en actos efectivos que alteren el curso de nuestra historia. Acompañamos a las víctimas en su apreciación de que este libro es un gran homenaje a ellas y en la invitación a difundir lo allí consignado. No es posible que pese tanto nuestro silencio.

Fabián Oliveros y Juan Pablo Alfaro

1 Respuesta

  1. Entre Lineas
    Su comentario*

Agregar comentario