“Be Girl” y una nueva forma de entender la menstruación



 

Colombianewyork.com

 

“Be Girl” es un producto que ha sido aplaudido en muchas partes del mundo por permitirles a las niñas de bajos recursos ir a sus escuelas cuando tienen el periodo de la menstruación, sin sentirse avergonzadas o intimidadas por posibles filtraciones. Diana Sierra es la mente risaraldense creadora de esta revolucionaria idea.

 

 

-Entre líneas: ¿Cómo le ha ido con todo el proceso de la creación de “Be Girl”?

 

 

-Diana Sierra: Estoy muy contenta porque básicamente el año pasado, todo el 2015, estuvimos trabajando en las últimas partes de desarrollo del producto y estuvimos ensayando la tecnología, y, este año, lo que hemos hecho es sacarlo al mercado como un producto viable.

 

-Usted viajó a Uganda y fue allí donde se ingenió la idea del producto que hoy la ha convertido en una especie de heroína para miles de niñas en varios países. ¿Cómo fue esa experiencia?

 

- Sí, yo tuve la oportunidad de viajar a Uganda entre el 2011 y 2012. Era parte de mí maestría en la Universidad de Columbia. A mi se me presentó la oportunidad de hacer la práctica con Coca-cola pero preferí irme con Naciones Unidas para ver qué se podía hacer en el campo del diseño en situaciones en las que las condiciones son tan difíciles. Y a razón de ese viaje tuve la experiencia de poder saber cuáles eran las problemáticas de esas niñas que no pueden tener ni ingresos económicos, ni productos básicos de higiene.

 

-En su carrera profesional trabajó con exitosas empresas como Panasonic, Nike y LG. ¿Por qué decide cambiar su proyecto de vida y dedicarse a esta labor?

 

-Muchas veces las oportunidades más bonitas que se le presentan a uno en la vida son de casualidad. Yo viajé a Uganda y quería entender la problemática de los usuarios de productos en condiciones de extrema pobreza. Jamás me imaginé que me iba a encontrar con el problema de la menstruación. Cuando yo me di cuenta que básicamente la falta de acceso a productos sanitarios estaba dejando a casi un 40% de la población infantil femenina por fuera de la posibilidad de acceder a la educación y construir un futuro, no pude hacerme la de la vista gorda y simplemente tener la experiencia de un viaje a África, sino que se convirtió en una situación épica para mí. Cuando regresé a Nueva York decidí retirarme de Panasonic y dedicarme a esto tiempo completo, porque cuando hicimos los pilotos y ensayamos la tecnología con el usuario, nos dimos cuenta que teníamos la posibilidad de realizar una intervención revolucionaria.

 

-¿De qué forma ha colaborado su producto con la educación sobre la sexualidad de estas niñas?

 

-Como diseñadores debemos saber que los objetos comunican, educan y generan otros estilos de vida. A las niñas, sobre todo en esas condiciones con las que he trabajado en el África pero también en Colombia, les han dicho que tener el periodo es una maldición, que significa enfermedad o brujería. Y de un momento a otro a ellas les llega a un producto bonito con colores con mucha calidad y hecho con mucho cariño para que puedan manejar su cuerpo con dignidad. El producto no solo le permite a las niñas sentirse tranquilas en el colegio sin una mancha de sangre, sino que también modifica la percepción sobre lo que significa ser niña, mejora el autoestima y la parte de cambiar esa visión negativa de ser mujer. Nosotros hemos visto esos resultados positivos con la compañía, y, de hecho, el nombre “Be Girl” se genera porque una de las niñas en Tanzanía nos dijo que lo que más le gustaba de los calzones era que la hacían sentirse orgullosa de ser niña.

 

-¿De qué material están compuestas las toallas reutilizables?

 

-La construcción es muy simple. En la parte interior del pantalonsito hay una barrera protectora de antifluídos que hace la misma función de una toalla desechable. Arriba hay una tela permeable con la cual se genera un bolsillo que puede rellenarse con cualquier tipo de absorbente. Entonces, en teoría funciona tal cual como una toalla desechable, solo que con “Be Girl”, el material absorbente puede removerse y se puede colocar en ese bolsillito lo que se tenga a la mano que sea seguro.

 

En Tanzanía, por ejemplo, por el poco acceso al agua, las niñas utilizan  algodón de sus jardines para rellenar el producto. Hay otras niñas en las Islas Salomón que han usado esponja marina porque ese es el producto al que ellas pueden tener acceso.

 

-¿A dónde más quiere llevar a “Be Girl”?

 

-Es importante entender que cuando se diseña, no se hace para personas pobres, se hace para personas. Entonces nuestra visión es poder generar una marca en donde una niña así esté en Malí o en Perú, pueda sentirse tan orgullosa como una niña que está en San Francisco o en Nueva York. Nosotros no solo queremos tener la plataforma de nuestro producto en países en vía de desarrollo o en circunstancias difíciles, sino también traer la tecnología a Nueva York y poderla llevar a Europa. El plus de “Be Girl” es que tenemos un impacto ambiental muy positivo, y, aquí en Estados Unidos, donde ya estamos vendiendo, hemos tenido una gran acogida y es muy interesante porque aquí la regla siempre ha sido utilizar desechables, pero las nuevas generaciones están muy abiertas a utilizar nuevos productos que son amigables con el medio ambiente. Queremos darle una amplitud global a nuestro producto.

 

- Finalmente, Usted también trabajó con niñas de la Amazonía colombiana. ¿Cuáles son las diferencias en las condiciones de las niñas de aquí y las del África?

 

-Hay una cuestión muy interesante que es más bien una similitud y es que aún cuando se tiene el capital, las niñas viven en lugares muy alejados a donde no llegan los materiales. En el caso del Amazonas, aunque las niñas viven en condiciones muy limitadas, a lo mejor si les alcanza para comprar una toallita sanitaria, el problema es que la toallita está a dos horas de viaje en lancha. En el África sucede lo mismo; el producto es inaccesible por cuestiones logísticas. Sin embargo, el hecho de que se pueda comprar una toallita no significa que vaya a estar protegida todo el periodo. Cuando se hacen programas de intervención, se les entrega a las niñas un paquete de toallas sanitarias. Y entonces, ¿qué hacen los otros 11 meses?. A veces lavan esas toallas y eso no es higiénico porque el producto no está hecho para eso.

 

Ahora, con respecto a las cuestiones culturales hay unas diferencias grandísimas. En el caso del Amazonas hay una línea muy delgada entre lo que es castigo y lo que es empoderamiento. Muchas veces los rituales de transformación de ser niña a ser mujer en ambas culturas son diferentes, pero tienen todo este tema de las creencias mágicas con respecto al poder de la sangre que puede convertirse en un poder positivo y en un poder negativo. Por ejemplo, en el Amazonas y en el África cuando una niña tiene el periodo y se acerca a la olla o en donde se está cocinando, el comensal puede enfermarse. Es muy interesante que en comunidades tan apartadas existan estas similitudes de las creencias mágicas con respecto al poder de la sangre.

 

Santiago Ángel Rodríguez

Camilo Acosta

 

santiagoangel@entrelineas.co

@santiangelro

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